Pues finalmente, y a pesar de las firmas presentadas (nada más y nada menos que 243.639) y todas las protestas, la nueva LPI ha sido aprobada por el Congreso, con el recorte de libertades que para los consumidores supone. Ni un sólo voto en contra. Únicamente se han abstenido ERC y PNV, mientras que los demás partidos le han hecho la venia a la $GAE. Qué bien nos iría en este país si hubiese el mismo consenso para todo. Pero no, cuántos temas que al ciudadano de a pie le importan un comino se tratan tirando cada uno por su lado y con gran apasionamiento y, para cuando se trata de los derechos del vulgo, aparece el mayor de los consensos sin una sóla voz que tenga la mínima discrepancia, pero sorprendentemente para perjudicar a los pobrecitos ciudadanos que ya andan pagando una buena pasta por el acceso a las nuevas tecnologías. Y encima, pretenden que la tecnología llegue al nosecuántos porciento de la población al mismo tiempo que imponen estas absurdas y desproporcionadas tasas y restricciones. ¿Estamos ante una contradicción o es que me están afectando los analgésicos y estoy paranoico?
Que me voy por las ramas…
Y ¿qué puede suponer ésto? Pues lo que se me ocurre, así, a botepronto… fin del derecho a la copia privada, canon en las conexiones de banda ancha, ampliación del canon a otros dispositivos, ilegalización del P2P para descargas sometidas a derechos de autor y, fuera del ámbito internauta, restricciones en bibliotecas y museos. Sí, sí, también quieren “canonizar” a las bibliotecas por prestar libros con derechos de autor, ¡jódete!.
Si al final, lo mismo de siempre. El acceso a la cultura siempre ha estado restringido para muchos. ¿Qué nos parecía? ¿Qué con la llegada de las nuevas tecnologías éso iba a cambiar? Pues parece que no. Ya se encargan unos pocos “defensores de la cultura“, de que éso no suceda.
Pues eso, señores, que a este ritmo no tardaremos en ser todos unos delincuentes.