Quien se pica, ajos come

dolares.jpgHará casi un mes, me hacía eco aquí de un texto que Ana María Méndez publicaba en su web. Recuerdo, por si hay algún despistado por ahí que todavía no sabe de qué va el asunto, que Ana María es propietaria de Traxtore, comercio familiar dedicado a la informática, a quien la $GAE exige el pago del canon con efecto retroactivo. Traxtore es una de tantas empresas a las que la gestora pretende llevar a la ruina con denuncias millonarias a las que difícilmente pueden hacer frente y que, gracias a la iniciativa de Ana María, se han unido en una asociación (APEMIT) para intentar defenderse de los ataques que la innombrable ejerce, recordemos, con el amparo de la Ley.

Después del recordatorio, que supongo que no debería haber sido necesario, vuelvo al tema en cuestión. Por lo visto, el texto de Ana María, tras publicarse en el boletín de Comfia-CCOO, no tardó en llegar a ojos de la $GAE quien, ni corta ni perezosa, se lanzó a emitir una respuesta que intentó que se publicara en el mismo boletín de CCOO al tiempo que aparecía en la web de ACAM (Asociación de Compositores y Autores de Música). El caso es que lo único que consiguieron fue que, desde Comfia-CCOO, publicaran otro escrito que reaccionaba (y ya sabemos que CCOO y la $GAE no son muy amigos) a la réplica de la sociedad gestora, defendiendo a Ana María y desempolvando algún que otro error de la $GAE (¿recordais lo del festival benéfico para los niños saharauis que también comenté en su día?), errores casualmente sólo reconocidos después de las protestas de la opinión pública. Finalmente, toda esta historia ha culminado en otro escrito en el que la Fundación Paz (organizadora del festival benéfico) pide a la $GAE que subsane el error cometido devolviéndoles el dinero cobrado y es que, después de cuatro meses pasados desde el “reconocimiento” del error, éste todavía no se había corregido. Así que como dice Ana María: “me llena de alegría al ver que la acertada reacción y respuesta de Francisco González de CCOO, quizás pueda culminar en la devolución de un dinero que todos consideramos de propiedad de la Fundación Paz para su gestión con fines solidarios y no de la Sociedad General de Autores“.

Todo ésto es un resumen de lo que nos cuenta Ana María en “Reacciones por un escrito“, que os invito a leer.

Por cierto, que aprovecho para comentar que la plataforma Todos Contra el Canon presentó este Lunes, ante la Comisión Europea, las 650.000 firmas recogidas hasta la fecha. Espero que sirva para algo.

Gracias, Michael

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I.T. Crowd

The I.T. Crowd” es una serie inglesa de TV absolutamente desternillante. Había oído hablar de ella y me había bajado con el emule el primer capítulo (con subtítulos en castellano), pero no la había visto hasta ahora. Esta tarde me ha dado por ponerla y… todavía me estoy riendo. No tiene desperdicio. Trata sobre el departamento de IT de una gran empresa y, os lo aseguro, me ha recordado a mi trabajo jejeje. Como he leído por ahí, es como una mezcla entre la tira de Dilbert y el humor británico clásico. Está llena de guiños geek, y alguna situación se asemeja, guardando las distancias, a la que se vive dentro de un Departamento de Informática en la vida real. Para partirse la caja.

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Un detalle de lo más geek: fijaos en el dibujo del “Monstruo Volador de Espagueti“, arriba a la izquierda.

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Quién fuera Marty McFly

delorean2.JPGAyer por la tarde me dejé caer por la gasolinera para darle una lavadita al coche, que falta le hacía. Cuando llegué casi tuve que frotarme los ojos para asegurarme que era cierto lo que había ahí. Al verlo, me quedé tan embobado, que casi me como el sutidor de 98 octanos. Era un Delorean DMC-12, o debería decir “el Delorean“, porque ya me había cruzado un par de veces con él por las carreteras de la zona. Pero esta vez lo tenía ahí mismo, parado. Estaba esperándome a que yo llegara para que tuviera la oportunidad de fijarme en todos los detalles que la emoción que tenía encima me permitiera. Tenía sus puertas “alas de gaviota” abiertas, con lo que pude ver bien el interior. Tenía uno de esos interiores austeros y absolutamente ochenteros que tanto me gustan. Verlo de frente impresiona, con ese morro tan afilado y alargado, como el resto del coche, que es realmente muy bajito. También me detuve a observar bien la trasera y sus grupos ópticos tan característicos. Allí me quedé, como un pasmarote, esperando a que se marchara para escuchar con todo detalle como suena un Delorean, hasta que arrancó y se fue. Cuando ya se fue alejando y dejé de oir el V6, volví al mundo real. Una pena que no hubiera tenido una cámara de fotos a mano. Sin pruebas, ¿quién se puede creer algo así?

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