A veces me pregunto si no estaría mejor sin vacaciones. Total, que uno se las ve y se las desea para poder coger una miserable semana, y cuando vuelve al curro se pregunta si, para estar unos pocos días de vacaciones, merece la pena encontrarse a la vuelta con tantas preocupaciones esperándote. Y es que a veces pesan. Vale que tengo un curro de puta madre (aunque ya podría ganar un poco más, que creo que es poco para lo que hago), pero tener en la cabeza tantas cosas abiertas y pendientes, pesan. Cada una pesa su pequeña parte y todas juntas pesan mucho. Pesa el ser responsable de que aquéllo llegue a buen puerto y pesan los kilos de presión que ejercen ciertas personas interesadas en la conclusión del asunto. Personas que no tienen ni idea del trabajo que supone ciertas tareas. Personas que lo más que saben de informática es abrir el Word en el ordenador. Personas que a veces ni conoces y que posiblemente nunca llegues a conocer, pero que tienen poder suficiente como para, desde la lejanía, sobrecargar más aún las sinapsis de tus neuronas. Cuando vuelvo de vacaciones, me encuentro siempre con todo lo que se quedó pendiente al comenzarlas y algo más. Siempre hay algo más, aunque dejes tu puesto de trabajo por dos tristes días. Al ir acabando tu semanita libre, piensas: “la última vez. La próxima me cogeré dos semanas enteras“. Iluso de mí. Créeme si te digo que ahora dudo de esas mismas palabras. Contento si puedes cogerte vacaciones la próxima oportunidad que quieras o si no tienes que volver a cancelarlas otra vez más a mitad de ellas porque ha surgido aquéllo tan importante.
Puedo envidiar muchas cosas de mucha gente, pero en estos momentos me acuerdo del Atlas aquél que sin rechistar aguantaba todo el peso del firmamento y del mundo sobre sus hombros… y yo quejándome…
Esto último me recuerda una frase de una canción de Metallica: “You insist that the weight of the world should be on your shoulders…” Pues aquí que va, qué narices…








